“No sé qué más hacer!”, “Ya he probado todo lo que se me ha ocurrido y lo que me han sugerido, y no sirve!”, “Creo que mi hija tiene problemas…”, “Se parece a su tía, que siempre ha sido rara”, “No quiero ni pensar que mi hija pueda estar enferma”…

 

Mireia está angustiada desde hace tiempo y la actitud de su hija la desborda. Entre otras cosas, esta situación provoca discusiones, cada vez más frecuentes, entre Mireia y Joan –su pareja-. Joan no la entiende; “claro!, él llega a última hora de la tarde (o más tarde) y se encuentra con la niña ya bañada, cenada y a punto de irse a la cama.

 

Los fines de semana todo funciona a otro ritmo, pero la niña sigue haciendo rabietas, insultando a Mireia y pateando muebles y puertas cada vez que su madre le da una orden: “vístete, lávate, desayuna, …” Nunca obedece a la primera; además, parece que no quiere jugar con ella, sólo pide jugar con su padre. Resultado: Mireia se siente fatal y Joan no le ayuda, para él, el problema no existe. Cuando hablan, Joan le dice que está muy nerviosa y es demasiado exigente.

 

Mireia habla con el colegio y allí le dicen que su hija es una niña encantadora, que tiene amigas y no tiene ningún problema.

 

Esto refuerza la actitud del padre, que está encantado de educar tan bien a su hija y comienza a explicarle a Mireia cómo debe actuar con la niña.

 

Mireia cada vez se siente peor y eso hace que dude de sí misma, de cómo gestionar la relación con su hija, y su educación: teme equivocarse.

 

No sabe si continuar poniendo límites, o si debe ser más flexible y “dejar pasar” o “hacer ver que no lo veo”.

 

Su hija tiene seis años y Mireia tiene miedo de enfadarse con la niña porque piensa que no la va a querer, que continuará prefiriendo a su padre antes que a ella.

 

Piensa que no debe consentir este comportamiento y debe atajarlo YA, antes de que sea demasiado tarde, pues la niña cada vez la tiraniza más y le está perdiendo el respeto; pero no quiere ser “la mala de la película, la bruja, la que siempre provoca situaciones de conflicto”.

 

Finalmente Mireia decide a consultar a una profesional: una psicóloga-terapeuta.

 

La profesional le pide que vaya a verla con el padre.

 

Mireia había pensado que llevaría a su hija y que la psicóloga trabajaría con la niña. Eso le daba un poco de reparo, porque le preocupaba que su hija fuera ya “estigmatizada” con el tema de que: “va a la psicóloga”; además, Joan estaba en total desacuerdo con que su hija necesitara una psicóloga.

 

Pero las cosas comienzan a ir por otro lado.

 

La primera visita se desarrolla con algo de tensión, en un primer momento: cada uno habla de su punto de vista respecto a la situación y aparecen las discrepancias entre la pareja. Se dan cuenta de que los criterios educativos son muy parecidos, pero cada uno interviene de forma distinta y a deshora, sin apoyarse mutuamente. Aparecen dificultades de comunicación entre la pareja. Casi no tienen tiempo para hablar y todo se debe sobre-entender. Ven que están muy lejos el uno del otro cuando tienen que gestionar a su hija y que –en muchas ocasiones no se dicen lo que opinan sobre este tema por no ofender al otro y no generar un problema entre ellos.

 

Salen de la consulta entendiendo que tienen objetivos educativos iguales, pero la manera de gestionarlos falla. No están trabajando a una: no se apoyan el uno al otro. Su hija lo sabe y lo utiliza. Además le genera inseguridad porque nota la discrepancia de los padres.

 

La consecuencia de esta situación es la actitud de la niña:

 

Actitudes disruptivas de la hija que tienen como respuesta: discrepancia educativa +poca comunicación de los padres= dudas de la madre e incomprensión del padre ante las situaciones que genera la hija=problemas de pareja y actitudes disruptivas de la niña, etc….

 

Este es un caso que suele resolverse bien y rápido trabajando con los padres; a la niña no hace falta verla. Los padres introducirán cambios en su manera de relacionarse que ayudarán en la gestión de su dinámica familiar:

 

Los padres son los que mejor pueden cambiar la manera de funcionar de sus hijos: Los conocen mejor que nadie, conocen la manera de funcionar de la familia , pueden intervenir cada día en las situaciones conflictivas para corregirlas y son los primeros interesados en cambiar la situación

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